El otro día hice una encuesta en el tuiter del blog y algunas almas descarriadas votaron que preferían este tema al apasionante mundo de los volcanes o el color de pelo de Aquiles. De verdad que no logro entender qué pudo pasar (pero esas entradas siguen en borradores y algún día verán la luz para suerte o desgracia de todos nosotros).
El tema es, ganó la contradicción del villano, lo que me lleva a pensar que, efectivamente, sois todos unos neobarrocos de aúpa y os gustan las mentes torturadas y generalmente malas malísimas.
En mi opinión, hay dos grandes tipos de villanos: los que están bien hechos y los que son más planos que mis impresionantes posaderas tras pasarme una semana estudiando para los finales. No me voy a molestar en analizar al Tipo Malo Porque Sí (el plano) que encontrábamos en los primeros acercamientos de la fantasía épica porque no tenemos tiempo para aburrirnos pudiendo hablar de los tipos de magma *completamente no disgustada por el resultado de la encuesta*
En esta entrada de la Gran y Sacrosanta Villanía (que decidiréis vosotros si seguimos con esta serie de entradas o no) me centraré en mi tipo de villano favorito: el villano que no quiere ser villano, el villano contradictorio, el que he decidido llamar villano incómodo.









