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sábado, 4 de junio de 2016

El villano incómodo

El otro día hice una encuesta en el tuiter del blog y algunas almas descarriadas votaron que preferían este tema al apasionante mundo de los volcanes o el color de pelo de Aquiles. De verdad que no logro entender qué pudo pasar (pero esas entradas siguen en borradores y algún día verán la luz para suerte o desgracia de todos nosotros). 
El tema es, ganó la contradicción del villano, lo que me lleva a pensar que, efectivamente, sois todos unos neobarrocos de aúpa y os gustan las mentes torturadas y generalmente malas malísimas.
En mi opinión, hay dos grandes tipos de villanos: los que están bien hechos y los que son más planos que mis impresionantes posaderas tras pasarme una semana estudiando para los finales. No me voy a molestar en analizar al Tipo Malo Porque Sí (el plano) que encontrábamos en los primeros acercamientos de la fantasía épica porque no tenemos tiempo para aburrirnos pudiendo hablar de los tipos de magma *completamente no disgustada por el resultado de la encuesta*


En esta entrada de la Gran y Sacrosanta Villanía (que decidiréis vosotros si seguimos con esta serie de entradas o no) me centraré en mi tipo de villano favorito: el villano que no quiere ser villano, el villano contradictorio, el que he decidido llamar villano incómodo.

viernes, 3 de junio de 2016

{Artículo} Crítica psicológica de El fuego en el que ardo

¡Hola de nuevo! Hoy estrenamos colaboraciones =P El siguiente artículo que vais a leer lo ha escrito Cristin, aquí su twitter, gracias. Cris nos pidió antes incluso de que abriésemos el blog poder colaborar con este artículo tras una lectura... interesante =P No me enrollo más y os dejo con ella =D

Crítica psicológica de El fuego en el que ardo


Buenas, Cristin escribiendo.

Antes que nada decir que cómo dice el título, mi intención en esta entrada es analizar la novela de Mike Lightwood desde el punto de vista psicológico. No quisiera meterme demasiado en analizarla desde el punto de vista literario, más que nada porque de eso sé mucho menos, sólo podría daros mi humilde opinión como lectora.


La verdad es que la nota de autor con la que se abre el libro me convenció bastante en este sentido. El autor habla de que la gente le ha contado muchos episodios, momentos en los que sufrieron bullying por tener una orientación sexual distinta a la habitual y el quiere reflejarlos en la novela y darles voz. Me pareció un enfoque muy positivo y esperanzador. Importante desde el punto de vista psicológico para dar visibilidad al problema.

lunes, 30 de mayo de 2016

La humanidad en los videojuegos

Con humanidad no me refiero al conjunto de todos los seres humanos, sino a qué nos hace humanos.


Ayer empecé a jugar al reboot* de Tomb Raider que sacó Crystal Dinamics hace un par de años, primero para ps3 y xbox 360 y luego para ps4 y xbox One. El juego en sí no me parece una obra maestra en ningún sentido, pero es bastante bueno. Se dispara como se tiene que disparar, se salta mucho en muchos sitios, se escalan montañas con un pico y muchas ganas y Lara se cae con absolutamente TODO lo que toca (cosa que no deja de ser molesta en ningún momento porque llevo unas 10h de juego y la niña se sigue tropezando con todo lo que toca). Mecánicamente, como ya he dicho, cumple, y la trama tampoco es una maravilla pero ahí está (una expedición a una ~ciudad perdida~ y una secta de locos fanáticos en una isla. Podría ser Tomb Raider, una de Uncharted o Farcry 3, o el 4, o el Primal o... o cualquier Farcry, vaya). Vamos, es de 7 u 8, pero tampoco una flipada.
Pero tiene momentos que... que están muy bien hechos, muy, muy bien.

viernes, 27 de mayo de 2016

Non Omnis Moriar: todas las historias son (de) zombis

Hace unos meses (vale, quizá ya son años) estaban súper de moda las historias de zombis. Realmente nunca he leído ninguna, pero entiendo que para las lectoras-fickers-fans-de-la-carnaza-y-el-terror como yo son una mina: vísceras, suburbios estadounidenses con su fantástica mezcla de cotidianidad y horror, tensión pre y post-muerte, fingir que sabes de medicina…
Lo bueno es que, en espíritu, los zombis nunca pasan de moda.
“¿Cómo que no?”, me diréis. “Papli, ya no hay ni anuncios de The Walking Dead en la tele.”
Vale, lo sé, lo sé.
Pero, ¿sabéis qué sigue habiendo?
¡Fics de The Walking Dead!
“Pero Papli”, me diréis. “Papli, ¿qué tiene eso que ver?”
Bueno, para variar, he empezado con una metáfora. O un símil (lo importante es la sustancia).
Os cuento: zombis va a haber siempre porque las historias aspiran a eso. A ser zombis. A levantarse de nuevo una vez ha terminado su vida. Y digo “zombi” y no otra cosa porque una historia no va a pervivir tal cual, y eso, que te reescriban, debería ser un honor.
“Oye, oye”, me diréis. “Que llames a mis historias 'zombis' tiene un pase, ¡pero lo de que me reescriban es feo! ¡Mi historia es mía!”
Eso es cierto, pero tu historia, cuando la compartas, va a tener lectores. Que la van a leer, van a pensar en ella y, como los virus o la magia vudú, van a hacer que se expanda más allá de sus límites mortales.

Me voy a explicar mejor, porque no quiero decir que no haya un canon que marca el autor. Creo que lo que está escrito por el autor en la propia historia (para bien o para mal) es innegable. Por ejemplo, Harry Potter tiene los ojos como su madre, una cicatriz en forma de relámpago, y tiene un hijo con Ginny Granger, al que ponen un nombre bastante desafortunado. Esto es así. Creo que aquí, en las cosas claramente innegables porque están explicadas de forma clara y evidente, es donde están los límites tan delicados que tiene la teoría de la muerte del autor (que es básicamente de lo que estoy hablando). La gente tiene todo el derecho a rellenar los huecos que le deja el autor, y personalmente creo que es algo inevitable porque muy poca gente “lee y ya”, digamos.
Ahora bien, yo creo que la reescritura también está bien. Que está bien coger lo que Rowling, o el director de tu película favorita, o el guionista de tu cómic o videojuego favorito y reinventarlo, decir “¿y si hubiese pasado esto?”, incluso “creo que hubiese sido mejor si hubiese pasado esto.” Está bien investigar si a Harry Potter le hubiese gustado viajar a Estados Unidos porque como buen inglés tiene que ir a meterse con el vulgo americano, o si se le da muy bien cocinar porque acabó aprendiendo por superviviencia ¡pero también está bien investigar qué habría pasado si realmente hubiese ido a Slytherin! ¡Si hubiese elegido tener a un gato de mascota en lugar de una lechuza! Si hubiese acabado con Draco en lugar de Ginny.
La crítica destructiva está mal, hay que aceptar la crítica constructiva. Pero esta crítica creativa que algunos reciben es oro en paño y se debería respetar más, ¡y se debería animar más! Entiendo por qué puede estar mal vista, pero es un desperdicio de inspiración.

Porque además esto ha pasado siempre. Shakespeare escribía fics y era un ficker de los chungos, de los que cogen a gente real, los cambian como les conviene para su historia llena de melodrama y sangre y los metía en obras de teatro que completaba con chistes guarros.

  
KingLuvr64: lol esto molaria mucho mas con protas jovenes xd #yogurpower

Que vale, vale, esto es un extremo, y no todos tus lectores van a escribirte fics que pasen a la historia de la literatura, y no todas estas críticas creativas son algo que, si recibes, tengas que considerar como la panacea que va a salvar tus textos, ¡pero échale un ojo si te la dan! ¡Échale un ojo a los cambios que harían los fans de las historias que a ti te gustan y pregúntate por qué los harían! Y además, fíjate en qué han sacado del propio texto que has leído, aunque no le hagan cambios. ¡Hay pocas interpretaciones inválidas! Tanto si solo rellenan agujeros o salen de ambigüedades como si acaban en fics de universo alternativo en los que tu protagonista se enrolla con su mejor amigo mientras viajan en el tiempo para acabar con Atila, rey de los hunos. ¿Por qué ha pensado ese ficker que estaría bien que tu protagonista fuese un viajero en el tiempo? ¿Por qué con su mejor amigo y no con el malo malísimo de tu historia? Intenta entender a la gente que te lee y a la que inspiras, y sacarás nuevas visiones seguro. Y escribirás más y mejor.

Irónicamente, creo que esta conversación se está perdiendo desde que tenemos a los autores tan cerca, en las redes sociales o en entrevistas porque son muy mediáticos. Al fin y al cabo, lo que he explicado antes no deja de ser un ideal, y entre fans las interpretaciones o reescrituras no se van a valorar igual. Esta conversación funciona mejor para el autor cuando ocurre sin su participación. Porque en grupos grandes de fans, al fin y al cabo es algo así como personas hablando en una discoteca con mucho ruido: te oirá poca gente, se fijarán en ti solo algunos, a menos que lleves un traje que les guste mucho. Pero, ¿el autor? El autor habla desde un megáfono, y como es algo que a algunos les acaban de dar, no sé si saben muy bien cómo utilizarlos. Las reescrituras y las interpretaciones crecen cuando el autor no favorece ninguna, porque se mantienen todas iguales.

¡Así que a cultivar esto mientras dure! ¡Que vivan los zombis!
(Y no os perdáis You are the only Hun, mi próximo fic)

viernes, 13 de mayo de 2016

Lecturas obligatorias o "vamos a hacer sufrir a los chavales un ratito"

¡Buenas! Hoy vengo con una entrada que no es una reseña literaria, ni un artículo como los de Vero, sino con algo que se parece más a una columna de opinión. Si buscáis mi nombre en la sección de quiénes somos *señala con la patita* veréis que de vez en cuando me enfado por cosas tontísimas, porque a eso he venido yo a este mundo, a sufrir cabrearme. Vale, no. Pero sí me enfado y, como todo hijo de vecino, me enfado por cosas que no me parecen tan tontas. En esta ocasión: las lecturas obligatorias en secundaria.

Todos los que hemos pasado por la educación secundaria obligatoria en el sistema español (y digo el sistema español porque es el que yo cursé y con el que estoy familiarizada, se admiten y agradecen contribuciones y experiencias de otros sistemas) recordaremos, con mayor o menor cariño, esa parte del curso en la que había que coger un libro y leérselo (o, si el libro era un tostón, leerse el resumen del Rincón del Vago) porque era lunes y había examen el miércoles. Yo me acuerdo. Y vosotros también, no seáis mentirosos.

Hablando con profesores de secundaria y bachillerato sobre el tema (como veis traslado mis ofensas y furias un poco a todo el mundo), sobre todo con mi madre, que además de madre es profe de lengua y estuvo mucho tiempo de jefa de departamento en su instituto, y todos acaban diciéndome más o menos lo mismo: las lecturas obligatorias están para animar a leer a los chavales. Yo antes me caía de culo al suelo, ojiplática y patidifusa. Ahora que llevo un par (mentira, cinco o seis) años dando la murga de vez en cuando con el tema ya me sale la respuesta automática: ¿me estáis vacilando?

Mi experiencia personal es la de una persona que lleva leyendo toda la vida. Bueno, cuando no sabía leer no, pero aprendí a leer muy pronto y en cuanto enganché un libro ya no los solté. Como todos, con altibajos y parones, pero siempre he estado leyendo algo, aunque sean las cajas de cereales. Sin embargo, los libros del instituto me producían una mezcla de sentimientos que se encontraba más o menos entre el sopor profundo y la intensa rabia. Hay libros buenos, les prometía a mis compañeros de clase. Nadie me creía.

Y, sinceramente, yo no me hubiera creído tampoco.

¿Por qué? Porque en la ESO me mandaron leer cosas tan ligeras como El conde Lucanor. De lectura obligatoria. Con un par. Y sé que no soy la única: conozco casos de profesores que mandan El barón rampante, de Calvino (no tengo ningún problema con Calvino, de hecho, cuando haga cincuenta entradas en las que acabe recomendando a todo el mundo Las ciudades invisibles os iréis dando cuenta) en tercero de ESO, y no seré yo la que venga a deciros que son malos libros, pero tampoco voy a ser la que os diga que son buenas elecciones. ¿Por qué?, me diréis. Porque estás en la ESO y porque posiblemente a más de la mitad de tus alumnos no les gusta leer. ¡Y es una realidad! Hay gente a la que no le gusta leer y no pasa nada. Bueno, sí pasa. Pasa que les estás torturando al hacerles leerse ciento y pico páginas del conde de marras dándole el coñazo al pobre Patronio, que además como gurú de la obra y el saber hacer tiene un par de tortas a veces. Y no contento con eso, después les haces un examen en el que les preguntas de qué color es el caballo blanco de Santiago. No, hombre no. O te gustan muy poco los niños, o te gusta muy poco la literatura o tienes un concepto de animar a leer a la altura del concepto de jugar a un juego de Jigsaw. O quieres vengarte del Ministerio construyendo adultos resentidos y que tienen flashbacks del libro en forma de pesadillas para ayudarte con tu plan de dominación mundial. De verdad que no se me ocurren más razones.


Y, hablando de ocurrirse más cosas, ¿a nadie se le ocurren alternativas? ¿Nada? ¿Ya no hay nadie que escriba literatura juvenil que pueda llamar la atención de verdad de los chicos de la ESO de ahora? ¿La última fue Susan E. Hinton en el 66 con Rebeldes (otro que tiene tela marinera pero del que no voy a hablar para que no me apedreéis)? ¿Qué hay de los cómics? Eso es leer, y acercar a la lectura de una manera diferente y, qué queréis que os diga, bastante más atractiva que un libro de Cátedra en segundo de la ESO. No estoy diciendo que sea exclusivo, ni que mi experiencia y mi opinión sean válidas universalmente, pero sí me pregunto, a mí y a todos los que os gustó el 100% o el 90% de los libros que os mandaron en el instituto, ¿os gustaba ya leer de antes o fueron estos maravillosos clásicos del año de Maricastaña los que os lanzaron a los brazos de otros libros (espero, más interesantes)? Si alguno de vuestros profesores consiguió enganchar a alguien a la lectura con un bodrio de quinientas páginas: llamad al Papa, que seguro que lo canoniza.

jueves, 5 de mayo de 2016

¿Qué es neobarroco? Neobarroco eres tú

El mundo de la cultura está lleno de gente extraña. Hoy, pido que se me incluya en dicho grupo. No voy a tratar de establecer una tortuosa relación entre Mickey Mouse y los Illuminati, pero la tarea que propongo es igual de compleja: definir el gusto contemporáneo.
La gran dicotomía no es «historias de amor» o «historias de guerra», ni siquiera es «novela» o «cualquierotracosa»; sino «clásico» o «barroco».
Ambos conceptos se dan a la vez, no pertenecen a una época hermética —se dan siempre en todo momento con la salvedad de que uno domina sobre el otro cual Christian Grey— y significan algo distinto de lo que se cree que significan.